viernes, 6 de julio de 2007

Hace 50 años...

...se conocieron Paul Mc Cartney Y John Lennon, y ese momento fue el que cambió el rumbo que la música venía teniendo...Para SIEMPRE. Quizás no parece demasiado importante a simple vista, pero si uno se lo pone a pensar realmente, es tremendo que haya pasado. Piel de gallina, y por eso celebro este día. Q loco que exista una persona q pueda decir: yo fui un beatle, no?



Hoy se cumplen 50 años desde que John y Paul se conocieron. Fue en un show de The Quarrymen, banda colegial liderada por John Lennon que no se diferenciaba de un montón de otras surgidas al calor del skiffle. Se trataba de una locura por una música muy simple, basada en las formas más básicas de la música country, que llevaba a muchísimos adolescentes a formar grupos. No era difícil: con tres tonos, una guitarra, un banjo y una tabla de lavar, la cosa caminaba. Eran canciones populares, entre las cuales, John Lennon camuflaba algunos rock and rolles y temas de moda como el del grupo Del-Vikings “Come go with me”.

Paul ya tenía 15 años cumplidos y John estaba a punto de alcanzar los 17. Parece mentira, pero para ellos era como un abismo que los diferenciaba por completo, salvo en el punto musical. John Lennon ya estaba detrás del sexo, la bebida y la pelea, mientras que Paul recién comenzaba a elaborar esas cuestiones. El encuentro de ambos se produjo después de un show que los Quarrymen (llamados así por pertenecer a la escuela secundaria Quarry Bank High School) brindaran en el patio de la iglesia de St. Peter. El marco no era lo mejor: se trataba de un baile benéfico donde el número principal era un espectáculo de perros (no es una valoración musical, sino un auténtico show canino). The Quarrymen eran solo el grupo soporte y tocaban después que los animales terminaran con su presentación.

Paul McCartney llegó allí por sugerencia de su amigo Ivan Vaughan, que a su vez era amigo de John Lennon. Obviamente le interesaba ver a una banda que tocaba temas que a él le gustaban, pero de modo alguno preveía una cita con un tal John Lennon, sino que eso se produjo naturalmente. Algunos historiadores dudan de la espontaneidad del encuentro, porque Paul McCartney tenía su guitarra colgada al hombro, pero a esa altura, ya formaba parte de su anatomía.

John venía “cargado” ya por unas cuántas cervezas que había ingerido antes y durante el show, porque formaba parte de la inexistente paga por sus servicios musicales. Ivan Vaughan introdujo a McCartney y lo presentó a toda la banda. Todavía no había ninguna idea con respecto a su participación futura en el grupo: era tan solo un encuentro de jóvenes. Hasta que Paul McCartney tomó su guitarra y como al descuido se puso a tocar “Twenty Flight Rock”, de Eddie Cochran.

A John Lennon le llamaron la atención tres cosas. La primera es que el chico conociera un tema de Eddie Cochran: había que estar informado sobre rock and roll para eso. La segunda es que supiera los acordes exactos de la canción y que los pudiera tocar tan fluidamente. La tercera es que además cantara, y muy bien. Todo el conjunto, le lastimó el ego: Paul era mejor que él, y además mejor que todos sus compañeros juntos. Cuando McCartney inicia “Be-bop-a-lula” de Gene Vincent y después finaliza su breve show de entrecasa con algunas canciones de Little Richard, John comienza a sopesar las posibilidades.

¿No sería este pibe un buen elemento para su banda? ¿No dañaría su reputación de duro el que lo vieran tocando con un adolescente de 15? ¿Le interesaría integrarse? ¿Qué pasaría con los demás? ¿No eran demasiadas guitarras? ¿Su talento no eclipsaría el propio? Lennon reconoció que se hizo todas esas preguntas y que tomó, varios días más tarde, la decisión de proponerle a Paul que ingresara a The Quarrymen tras reconocer que tenía más para ganar que para perder. No creía que Paul pudiera tomar el liderazgo del grupo, y sí pensaba que su ingreso mejoraría mucho el nivel musical. Además, quería ver como era que armaba esos acordes.

Aquel día de julio de 1957 comenzó todo para The Beatles, en un encuentro que afectaría al mundo de una forma tan profunda que haría que la Elvismanía, por entonces vigente, quedara del tamaño de un garbanzo. Era algo más que el comienzo de una gran amistad: se trataba de los primeros gestos de un vínculo que habría de superar incluso la muerte física de uno de los dos. Pero eso, ya es otra historia.

Texto de 10música